Cuando un bebé nace todo un mundo de emociones se activan y nos invaden.

Para KASH-LUMN Family Care, cuidar la salud emocional infantil es la clave de un desarrollo óptimo desde ya antes de nacer. El nacimiento de un bebé no sólo es un hecho emocionante, es el milagro de la vida.

En ese momento, los miedos, las preocupaciones, nuestras expectativas… se disipan y la fuerza de la vida toma todo su protagonismo.  Principio y final, final y principio se unen más que nunca.  El periodo de gestación ha terminado, el proceso del parto da paso a una nueva etapa de lactancia, crianza, en definitiva de ser padres.  Pero, dar la bienvenida al bebé no creáis que es fácil.

Aunque cada vez más la tecnología nos ayuda a que las sorpresas sean menos sorprendentes. Por ejemplo, ya sabemos qué sexo tendrá, conocemos su carita por las ecografías en 3D, tenemos más o menos claro su estado general… pero el impacto emocional de ver por primera vez a nuestro bebé sigue siendo inesperado.

A los que habéis sido padres y habéis vivido el momento del nacimiento ¿cómo recordáis ese instante en que bebés y papás se reconocen? Porque realmente es eso lo que ocurre en los momentos iniciales, empezamos a nombrarle de verdad, a dotarle de una propia identidad.

Si bien es cierto que para la mujer ese instante es mágico, su bebé al que ha sentido en sus entrañas toma vida al margen de ella, ya no hay un cordón umbilical que los una; para el hombre la emoción no es menor, lo ha podido sentir a través de mamá, le ha hablado, escuchado.  Papá y mamá han imaginado ese futuro bebé, le han elegido un nombre, en ocasiones hasta se han planteado qué quieren para su futuro.

No hay nada banal en los sentimientos, emociones que se despiertan entorno al bebé y su nacimiento.  Vivir ese momento mágico en plena consciencia es el mejor estado para recibir a nuestro bebé. No importa el cansancio, el desgaste, el enfado que nos embargue en ese momento, recibirlo con una sonrisa, con llanto, con las emociones a flor de piel es la más sana de las bienvenidas.

Biológicamente,  los seres humanos necesitamos más o menos nueve meses de gestación pero también, una vez hemos nacido, es preciso nueve meses más de cuidados amorosos.  Y cuando digo cuidados amorosos me refiero a contacto piel a piel.

Para un recién nacido la percepción de nuestro mundo es particular. Su capacidad cognitiva es muy rudimentaria, va a necesitar años para que su cerebro se forme.  Sus sentidos (vista, oído, olfato, gusto, tacto) aunque ya desarrollados, deberá ponerlos en marcha y aprender a interpretar sus sensaciones de manera correcta.  En primer lugar le van a servir para reconocer a sus semejantes, papá y principalmente mamá son sus referentes.  A través del olfato primero y del tacto y el oído después percibirá lo ya conocido de mamá y papá.  Es por esta razón que es tan importante que en los primeros instantes del nacimiento el bebé pueda ser acogido por los brazos de una mamá con la que ha compartido la experiencia del parto.

Cuando nacemos, nos acompaña un valioso tesoro, ocho emociones a las que se les ha llamado primarias por ser la base en las que se van a apoyar todas las demás, formando un sólido edificio emocional.  Las emociones primarias ayudan al bebé a entender los estímulos que van a estar comprometidos con el aprendizaje. Lo que supone vivir plenamente y por tanto, van a proporcionarle los recursos y capacidades que requiere su desarrollo y crecimiento.  Para madurar necesitamos de las emociones.

Las emociones primarias (miedo, enfado, ira, tristeza, sorpresa, alegría, esperanza y aceptación) se activan a medida que el bebé recibe los estímulos-impactos propios de la vida.  Ello va a contribuir a que la plasticidad de su cerebro se adapte poco a poco a las necesidades que le plantee la vida y pueda desarrollar los recursos necesarios para su supervivencia.  En este proceso es importante que, tanto padres, familiares como profesionales tengamos una actitud cuidadosa pero sobre todo una actitud respetuosa con la naturaleza de la vida.

En ocasiones nuestra propia necesidad de facilitar los procesos, los malbarata.  Hemos de dejar que las cosas sucedan porque no hay situaciones buenas o malas, hay situaciones que deben cuidarse, sólo eso.

Si escuchamos con el corazón, si respondemos amorosamente a las peticiones de nuestro bebé, si podemos actuar desde la emoción de la calma viviremos la experiencia de ser padres como una aventura apasionante, os invito a hacerlo.