¿Qué tiene de especial la emoción de la alegría? Quizás se trate de una pregunta absurda pero ¿sabemos todos los secretos que guarda esta poderosa y mágica emoción infantil?

Nos gusta sentirnos alegres, valoramos a aquellas personas que lo son y lo demuestran continuamente, deseamos que nuestros hijos nos expresen con sus comportamientos, con sus risas que están felices y contentos.  La alegría infantil es un signo de felicidad, de bienestar, de satisfacción.

Os explicaré la historia de nuestra hada favorita y de uno de sus amigos los dragones:

Kashy y el Príncipe de las 1000Flores

Kashy iba en busca de la felicidad cuando apareció en su camino un precioso jardín.  Estaba lleno de flores de todos los colores del arco iris, petunias, margaritas, amapolas, rosas de pitiminí… Su aroma era exquisito, todo en él respiraba felicidad y Kashy notó como se le ensanchaba el corazón de alegría.

-Hola, bienvenida a mi jardín –escuchó a sus espaldas.  Era el Príncipe de las 1000Flores, un dragón risueño y gordinflón que recibió a Kashy con una enorme sonrisa.

-Qué suerte tienes de vivir en un lugar tan maravilloso y poder estar siempre alegre –respondió Kashy a sus palabras de bienvenida.

El Príncipe de las 1000Flores explicó a Kashy que no siempre había sido así, que fue necesario cuidar de lo bello con ahínco para finalmente sentir la alegría.  También le contó el secreto de la alegría, el porqué nos gusta tanto y el porqué querer sentirla sin límite es un tanto peligroso.  La alegría le dijo, “nos ayuda a descansar y a recuperar fuerzas, si guardamos en nuestro corazón los momentos alegres y sabemos qué cosas nos producen alegría, estarán con nosotros para aliviar nuestro malestar en todos los instantes y situaciones en la que se produzca, pero si pretendemos estar siempre alegres, nuestro propósito se convertirá en una prisión”.  El Príncipe de las 1000Flores sabía bien de lo que hablaba ya que en su caso, se acostumbró tanto y tanto a ese bienestar que llegó un día que la ociosidad ya no le permitió levantar sus alas y poder volar.  Ya no podría emocionarse con todas las nuevas aventuras que vivían más allá de su jardín.

A Kashy, las palabras del Príncipe de las 1000Flores le ayudaron a reflexionar, ya que siempre había creído que estar alegre era el mejor de los estados.  Acababa de aprender lo importante que era estar triste, asustada, enfadada…  

El Príncipe de las 1000Flores guardaba otro secreto, gracias a su amigo el sol que le acompañaba noche y día, tenía un cofre lleno de unas bellas piedras mágicas.  Eran unas bolitas de un precioso cristal con un misterioso color dorado a través de las que se veían todas las maravillas del mundo.  El Príncipe de las 1000Flores obsequió a Kashy con una de sus piedras mágica, la piedra mágica de la alegría para que nunca olvidara que seguir nuestro camino nos lleva a vivir apasionantes aventuras.  Kashy, ahora sabía el secreto que guardaba el Jardín de las 1000Flores, a dónde podía acudir cuando necesitara descansar y sentirse feliz, así que se despidió del risueño y gordinflón príncipe para seguir su camino en busca de nuevas aventuras aunque no fueran tan alegres”.

 (Si te ha gustado, a continuación tienes otra versión animada y en catalán adaptada para los peques.  Encontrarás al final a nuestro amigo el Príncipe de las 1000Flores al que podrás ponerle un nombre, pintarlo, recortarlo y así jugar con él, siendo tú el nuevo protagonista de este cuento.)

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Un cuento sobre la emoción de la alegría en la infancia
Para descargar el cuento en versión pdf clicka AQUÍ
Deseamos la alegría pues nos produce un estado de dicha y bienestar muy agradable.  Es el premio al esfuerzo, a la perseverancia.  Cuando estamos alegres nuestra percepción es más luminosa, todo a nuestro alrededor se transforma y nos parece más amable aunque no por ello sea así.  En ocasiones, sólo es una ilusión que nos permite darnos un descanso, un respiro al quehacer diario.

Es importante poder ser consciente de esos momentos y guardar en nuestro interior qué los motiva.  La alegría alimenta nuestro yo interior, nos ayuda a sentirnos a gusto con nosotros mismos y nos hace más fuertes para afrontar situaciones difíciles y penosas.  Pero como en cualquier emoción, no podemos quedarnos anclados a ella.  Si pretendemos estar siempre alegres perderemos la oportunidad de sentir otras emociones y de obtener nuevos aprendizajes.

Como padres hemos de procurar la felicidad de los hijos y ofrecerles situaciones y experiencias que les produzcan alegría y no por ello, privarles del miedo, del enfado, de la tristeza…  El mundo de las emociones es un mundo lleno de posibilidades de aprendizaje y el desarrollo infantil necesita de todas ellas.

Aportar seguridad a los niños, protegerles de los peligros y de las adversidades que nos presenta la vida es acompañarles y ayudarles a desarrollar las capacidades necesarias para afrontar el acontecer de la vida con éxito.

Mostrémosles la alegría, descubramos con ellos aquello que les hace sentir contentos para que lo guarden en su corazón y lo tengan a su disposición cuando lo necesiten.  Pero, recordemos las palabras del Príncipe de las 1000Flores, si sólo preparamos a nuestros niños para el bienestar dificultaremos el desarrollo de todas sus capacidades, los convertiremos en seres ociosos que no pueden caminar y mucho menos volar.

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