¡SORPRESA! Palabra mágica donde las haya. La emoción de la sorpresa, una emoción a la que prestar atención.

A todos nos gustan las sorpresas o al menos aquellas que nos hacen reír o nos alegran el corazón.  Pero ¿qué es realmente la emoción de la sorpresa?

Los bebés nacen preparados para dejarse sorprender. De ahí surge la curiosidad, el asombro, la ambición por aprender.  Todo eso es genial, por ello las enormes connotaciones positivas que tiene esta emoción.

Los padres lo sabemos bien, nos gusta sorprender a nuestros hijos casi tanto como nos gusta sorprendernos a nosotros mismos ¿a qué sí?  Os propongo unos segundos de reflexión: ¿qué nos aportan las sorpresas?, ¿alegría?, ¿buen humor?, ¿refuerzan nuestra autoestima cuando llegan como un regalo?…  Cuando la respuesta es sí a todo, no podemos dejar de darle un valor excepcional a esta emoción.

Pero, ¿es tan positiva la emoción de la sorpresa?  Como os podéis imaginar la respuesta es no.  Cuando hablamos de la emoción de la sorpresa es conveniente tener en cuenta que el bebé, el niño, se sorprende cuando le impactan estímulos que provocan su curiosidad, que le producen una excitación por conocer y conocer más.  Pensad que en los peques todo aparece magnificado, por tanto la estimulación siempre es bien recibida.  Explico esto porque muchos padres preguntan si estimular al niño en los primeros meses, con todo tipo de actividades, es bueno.  La respuesta siempre es la misma, DEPENDE, ya que cada niño tiene diferentes necesidades y hay que averiguar que es lo que realmente le conviene.

Inicialmente podemos pensar que estimular es bueno para los peques, pero hay que advertir que a veces, una sobreestimulación puede ser contraproducente.  Cuando estimulamos en demasía estamos proponiendo un modelo de actitud basado en la impulsividad.  Un niño, una niña sobreestimulados tenderán a ser más impulsivos, vamos a acostumbrarlos a querer siempre más y más.  También podemos encontrarnos con el efecto contrario, puede que una sobreestimulación nos lleve a una contra reacción y que lo que obtengamos sean niños y niñas más excitados y con problemas de tolerancia a la frustración, apáticos y desmotivados.

La emoción de la sorpresa, ¿un peligro o una oportunidad?  Desde un punto de vista psicológico, ambas cosas.  Tenedlo en cuenta en todas y cada una de las situaciones en que ésta aparezca, una fiesta de cumpleaños, una celebración de un día especial, el primer espectáculo al que lleves a vuestro peque (circo, cine, teatro…). Es importante conocer los peligros que entraña esa sorpresa para aprovechar óptimamente todas las oportunidades que nos brinda.  Cuando preparemos sorpresas a los peques, cuando propongamos actividades que los estimulen y despierten su interés, seamos responsables de nuestras propuestas.  Los peques necesitan desarrollar capacidades tan importantes como la paciencia, la espera, la curiosidad contenida que no es otra cosa que poder imaginar, desear… Utilicemos la oportunidad que nos brinda la emoción de la sorpresa para ello, veréis los magníficos resultados que conseguís.