Desde el 2009 en KASH-LUMN Family Care hablamos de salud emocional y lo hacemos para diferenciarnos de todas aquellas entidades y profesionales que tratan e intervienen en el mundo de la emociones desde una perspectiva educacional. En uno de nuestros primeros post sobre calma y enfoque ya comentábamos las claves sobre la salud emocional infantil.

En KASH-LUMN Family Care creemos en la emociones como un pilar necesario de la salud entendiendo el concepto de salud como un estado de completo bienestar físico, mental y también social, y no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia, según la definición ya presentada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su constitución aprobada en 1948.

Pero ¿qué entendemos por salud emocional? y más concretamente, ¿de qué hablamos cuando hablamos de salud emocional infantil?

Como bien dice la OMS hablamos de bienestar pero también hablamos de ausencia de enfermedad, una correcta salud emocional es aquella que facilita un óptimo desarrollo físico, mental y social.  La salud emocional está presente desde el origen de los tiempos y el interés por la emociones ya aparece con los primeros pensadores.

 

Un poquito de historia

Aunque la importancia de las emociones sea cada vez mayor, su estudio ha generado interés desde el inicio del pensamiento humano. Fue Aristóteles quien dijo la famosa frase de “educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto” y desde entonces muchos han sido los pensadores y los estudiosos de la conducta humana que han teorizado sobre las emociones y el mundo emocional infantil. Entre otros, podemos citar a Darwin y su obra “La expresión de las emociones en hombre y animales” (1872); James y Lange que formularon en el 1884 su Teoría fisiológica de la emoción; Papez que en 1937 que sugirió un esquema anatómico para el circuito emocional de la emoción; el movimiento psicoanalítico con Klein y Riviere “Las emociones básicas del hombre” (1960), Bion, Bowlby, Spitz, Winnicott y los psicoanalistas contemporáneos que han teorizado sobre la implicación de las emociones en la conducta humana;   Zajonc y Lazarius (década de los 80) y su debate sobre la relación entre cognición y emoción; Ekman y colaboradores (1983) definieron y propusieron patrones emocionales, determinando un número de emociones básicas con un carácter innato y universal.

A lo largo de todos estos años y en concreto a partir de la obra de Goleman, las emociones se han agrupado de acuerdo con la forma en que afectan nuestra conducta y especialmente a su adaptación a lo aceptado socialmente. Es decir si nos motivan sentimientos positivos y con ellos conductas socialmente correctas o por el contrario no provocan sentimientos negativos a partir de las que se expresan conductas socialmente incorrectas.  En 1980, Robert Plutchik crea la Rueda de las Emociones en la que formula que a partir de ocho emociones primarias (innatas) se desarrollan todas las demás. Dando relevancia a su origen como función protectora y desmarcándose de su condición comportamental positiva o negativa. Según Puutchik, todas las emociones son necesarias para una óptima salud emocional al fomentar distintos tipos de conductas adaptativas. Para Plutchik miedo, sorpresa, tristeza, disgusto, ira, esperanza, alegría y aceptación nos ayudan a adaptarnos a las demandas de nuestro ambiente aunque de diferentes maneras. Plutchik concebía las diferentes emociones como estructuras que se pueden combinar para producir un rango de experiencias más amplio, como por ejemplo cuando experimentamos alegría y esperanza al mismo tiempo, obtenemos el optimismo con el que enfrentarnos a los avatares de la vida y si lo que juntamos es sorpresa y miedo obtenemos la sensación de susto. También Plutchik determinó que las emociones varían en intensidad y que ésta es diferente según el temperamento y experiencia de cada individuo. Por ello, en toda conducta hemos de valorar que parte de intensidad corresponde a la emoción en sí y que parte tiene a ver con la sensibilidad y la expresión comunicativa de cada uno.

En los últimos años, con el descubrimiento de las neuronas espejo Rizzolatti (1992) y los trabajos de investigación que se están llevando a cabo en el campo de las neurociencias, parece que el sistema de espejo neuronal permite hacer propias las emociones de los demás. Ello es un avance para la comprensión y actuación de los comportamientos infantiles y especialmente de la salud emocional infantil ya que implica que en toda relación padres hijos opera un sistema de mimetización emocional que debe ser tenido en cuenta.

 

¿Qué son las emociones?

salud-emocional-infantilEl término emoción procede del latín emotio y se define (RAE) como la alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática. A partir de los avances en neurociencia, sabemos que un estímulo sea interno o externo, incide en los receptores sensoriales que activan los centros emocionales del cerebro produciendo una respuesta neurofisiológica que es interpretada por el neocórtex. Por ello, es importante tener en cuenta que en todo comportamiento está actuando una emoción que no siempre es fácil identificar.

La difusión de la obra de Goleman y su aplicación en la educación emocional parten de la categorización que diferencia las emociones positivas de las emociones negativas (según las sensaciones que produzcan) y de su idea de manejo y gestión por parte de la inteligencia emocional o como dijo Gardner en su día, de las competencias inter e intrapersonales.

Pero más allá de que las emociones deban ser pensadas, gestionadas y controladas, sí atendemos a las investigaciones de Plutchik y anteriormente a las de la escuela psicoanalítica, las emociones tienen una función que ha de ser respetada y acompañada. Nacemos con un sistema cognitivo primitivo y un sistema emocional altamente desarrollado que va a permitir la regulación y adaptación del bebé a su entorno. Esa regulación y adaptación es la base del aprendizaje y de la salud. De ahí la importancia de cuidar las emociones y su función, de fomentar una óptima salud emocional.

 

¿Qué función tienen las emociones?

Todas las emociones tienen un carácter protector y adaptativo. Sin emociones no podríamos desarrollar las capacidades básicas para la vida, el crecimiento y la maduración tanto física, mental y social. Por ello es tan importante para KASH-LUMN Family Care centrarse y fomentar la salud emocional de los más pequeños.

A partir del vínculo afectivo que se establece entre el bebé y sus cuidadores, especialmente con su madre y la capacidad de ésta de escuchar y transmitir seguridad a su bebé, se empieza a poner significado en las primeras sensaciones de bienestar y malestar que siente todo recién nacido. El nacimiento de un bebé también lo es de una madre y un vínculo basado en el apego seguro el vehículo por el que bebé y mamá se comunican de manera genuina compartiendo sus emociones.

El bebé necesitará expresar sus sensaciones de bienestar y de malestar a modo de comportamientos. Poder entender los comportamientos infantiles, es poder descubrir la emoción que está operando en ellos. Conocer en profundidad el carácter de cada emoción, es poder acompañar el proceso natural de desarrollo propiciando un aprendizaje que permita activar capacidades adaptativas básicas y favorecer una maduración sana y feliz. Esas son las condiciones para una óptima salud emocional infantil y especialmente para  una crianza emocionalmente saludable.

El Modelo de Intervención de KASH-LUMN Family Care parte de los avances en neuropsicología, las teorías del apego de Bowlby y de los presupuestos de la psicología evolutiva en la que el respeto al proceso natural de desarrollo es esencial para una maduración sana y feliz. Toma los hallazgos de Plutchik , en concreto el carácter de universales e innatas de las emociones y trabaja con las 6 emociones primarias como núcleo del desarrollo emocional. A través del miedo, la ira, la tristeza… se forma el desarrollo madurativo del bebe.

A través del miedo, el enfado, la ira, la alegría, la tristeza, partiendo del vínculo afectivo que se establece entre el bebé y sus cuidadores, especialmente con su madre y la capacidad de ésta de escuchar y transmitir seguridad a su bebé, se empieza a poner significado en las primeras sensaciones de bienestar y malestar que siente todo recién nacido. El nacimiento de un bebé también lo es de una madre y un vínculo basado en el apego seguro el vehículo por el que bebé y mamá se comunican de manera genuina compartiendo sus emociones.

 

Algunas características de las emociones primarias (KASH-LUMN Family Care)

– La emoción del miedo: Es la primera de las emociones que se activa en el bebé y se desencadena ante algo que resulta desconocido y que el cerebro humano interpreta como potencialmente dañino y peligroso. A partir del miedo se desarrolla la capacidad adaptativa de la prudencia y la curiosidad. Ante las primeras molestias que causa el hambre, todo bebé, gracias a su instinto de supervivencia, busca alimento y así despierta el instinto epistemofílico o la capacidad de curiosidad. En los niños, la presencia del miedo es habitual y será saludable que se muestre prudente ante cualquier nueva situación que le sea desconocida. No obstante si nos quedáramos sólo con la prudencia no seríamos capaces de conocer nada nuevo, así que se pone en marcha la otra capacidad adaptativa implicada en la emoción del miedo, la curiosidad. Es importante tener en cuenta que si se les educa en el “no miedo” estaremos aniquilándoles la prudencia corriendo así el riesgo de que se pongan en peligro. Puede saber más de esta emoción en uno de nuestros post más visitados, Juan sin miedo.

– Las emociones del enfado y de la ira: Comparten un mismo sentimiento como es la frustración pero tienen un origen distinto. Conocerlas y poderlas diferenciar es básico para gestionar adecuadamente cualquier rabieta. Nos enfadamos cuando el estímulo que produce nuestro enfado nos conecta con la impotencia. En cambio, nos enrabiamos y aparece la ira cuando lo que sentimos es una injusticia. Un niño que se enfada, es un niño que aprenderá a esforzarse. Un niño que se esfuerza aprenderá a conocer y aceptar sus propias capacidades, a reconocer el sentimiento de satisfacción fruto de su esfuerzo y a construir una autoestima sana y segura. Un niño que desea el juguete de la tienda, se esforzará en planear una y otra estrategia para conseguirlo, pondrá a prueba todas sus capacidades comunicativas y persuasivas para salirse con la suya. Pero, si mamá o papá no acaban accediendo a sus deseos, lo que ese niño va a sentir es una profunda injusticia ya que sus padres son terribles por no darle aquello que desea. Ese seguramente será el desencadenante final de un berrinche monumental.

– La emoción de la alegría: Ciertamente, la emoción de la alegría junto con la de la sorpresa son las emociones que más valoramos y las que querríamos ver siempre en los niños. La alegría tiene a ver con el estado de confort y de ahí con la capacidad de identificar, reconocer y recrear ese estado. Además la emoción de la alegría es una emoción altamente agradecida porque podemos recurrir a ella cuando algo no vaya bien y necesitemos recobrar las fuerzas. No obstante, la emoción de la alegría como toda emoción es temporal, podemos cultivar un carácter alegre y optimista pero no podemos pretender estar siempre alegres porque si lo hacemos estaremos negando el resto de emociones y perdiendo oportunidades. Si quieres saber más puedes leer nuestro cuento del Príncipe de las 1000Flores.

– La emoción de la tristeza: A diferencia de la alegría, la emoción de la tristeza es una de las emociones que menos queremos compartir y sentir en los niños pero hay que rescatar la parte positiva que toda emoción tiene. La verdadera naturaleza de la tristeza es el sentimiento de vacío que conlleva la pérdida de un ser querido o de un objeto con el que se haya establecido un fuerte apego. La emoción de la tristeza nos conecta con el sentimiento de amor y con la sensación de gratitud. Por ello, en esos primeros momentos, la emoción de la tristeza está al servicio del crecimiento y la autonomía.

– La emoción de la sorpresa: Es la gran emoción del aprendizaje porque se basa en la capacidad de asombro que todo niño tiene. Nos sorprendemos cuando nos topamos con un suceso inesperado. Es la puerta que nos puede conectar con la alegría pero también con el miedo o con cualquier otra de las emociones que ya conocemos. La sorpresa como decíamos con la alegría también es una emoción que podemos emplearla como “rescate”. Es una emoción que representa un gran recurso para los estados de tristeza que pueden llevar a la depresión. Por ello, es importarte educar en el asombro y también aprender a gestionar de manera correcta la emoción de la sorpresa.

¿Te ha gustado lo que has leído? Pues si quieres sabes mucho más de nuestro modelo de intervención basado en la salud emocional infantil, contacta conmigo pero si además quieres vivir una emocionante aventura y experimentar la función de cada emoción y conocerlas en profundidad visita nuestro CURSO online para familias con inquietudes.